El término “consultoría” puede tener distintas interpretaciones. En su esencia, implica compartir conocimientos y ofrecer orientación en una variedad de áreas, como negocios, marketing, operaciones y recursos humanos. Sin embargo, en la actualidad, la consultoría va mucho más allá de simplemente dar consejos. Se trata de identificar problemas, analizar datos, proponer soluciones y hacer que esas soluciones se lleven a cabo con éxito. Es aquí donde entra en juego el consultor de marca, como una especie de detective que se sumerge a fondo para desvelar los misterios que rodean a una marca.

El Proceso de Consultoría de Marca: Un Enfoque Estructurado

Cuando un líder empresarial decide buscar la ayuda de un consultor o una consultoría, lo hace porque entiende que hay momentos en los que es valioso recibir una perspectiva externa especializada. En muchas ocasiones, resulta más eficaz y económico adoptar una solución ya contrastada que intentar desarrollarla internamente desde cero. Cabe pensar que cada año en consultoría es como tres años en el mundo corporativo porque uno debe aportar respuestas a múltiples clientes de múltiples sectores diferentes, lo que acelera enormemente el aprendizaje.

La consultoría implica combinar conocimientos y experiencia en un área específica. Ambos elementos son fundamentales y se complementan para llevar el saber teórico a un nivel más práctico y aplicado.

El corazón de la consultoría de marca reside en abordar el proceso de manera integral. Se trata de un enfoque estructurado que comienza con la identificación precisa del problema y avanza mediante un análisis detallado de los factores internos y externos que afectan a la marca. Un trabajo que se realiza siempre en colaboración entre el consultor y el cliente, lo que asegura que las soluciones propuestas sean coherentes y efectivas.

Si pensamos en la consultoría como la medicina, podríamos encontrar algunas similitudes interesantes. Al igual que cuando visitamos a un médico, en la consultoría también buscamos que el experto identifique los “síntomas” de nuestros problemas empresariales y pueda hacer un diagnóstico acertado. Después, esperamos que nos ofrezca una “receta” o solución adecuada para resolver esos problemas.

Así que, siguiendo este paralelismo, es posible describir el proceso de consultoría de la siguiente manera:

  1. Evaluación de los síntomas: Cuando una empresa tiene un problema, acude a un consultor para obtener ayuda y entender cuál es la causa raíz de su situación.
  2. Diagnóstico: El consultor analiza la información, busca más datos si es necesario, y con su experiencia elabora un diagnóstico personalizado para el cliente.
  3. Receta: Una vez identificado el problema, el consultor ofrece recomendaciones y soluciones para resolverlo, involucrando activamente al cliente en el proceso y proporcionando la ayuda externa que sea necesaria.
  4. Asesoramiento: El consultor, gracias a su experiencia, guía al cliente hacia el curso de acción adecuado, teniendo en cuenta las particularidades de cada situación. En algunos casos, puede intervenir de manera más directa para asegurar el éxito del plan.
  5. Seguimiento: Después de implementar las soluciones, el consultor sigue de cerca el progreso del cliente y le brinda apoyo adicional para garantizar que se obtengan los resultados deseados.

4 motivos para contratar a un consultor

Los consultores son eficaces solucionadores de problemas y aportan una perspectiva clara a una situación concreta. Pueden proporcionar capacidades específicas como expertos en aspectos a los que las empresas no suelen enfrentarse a diario.

Con más detalle podríamos destacar:

  1. Los consultores aportan una perspectiva fresca y sin ataduras. No están influenciados por los asuntos internos de la empresa, lo que les permite ser imparciales y enfocarse completamente en obtener resultados.
  2. Pensamiento creativo. Al estar fuera del engranaje interno, tienen la libertad de pensar fuera de la caja y proponer soluciones innovadoras sin preocuparse por mantener su trabajo.
  3. Los consultores acumulan conocimiento y experiencia, y pueden aplicar un pensamiento transversalpara encontrar la mejor solución a un problema. Con su experiencia y exposición a diferentes industrias, pueden combinar ideas de distintos lugares para encontrar la mejor solución posible. Su diversidad de experiencias les permite ofrecer consejos prácticos y las mejores prácticas del campo.
  4. Al actuar como externos, mantienen el negocio con la máximaoperatividad. Si el equipo interno ha de ejecutar un proyecto, se corre el riesgo de descuidar las operaciones diarias de la empresa. En cambio, al contratar consultores externos, nos aseguramos de que nuestro equipo pueda seguir centrado en las tareas diarias sin distracciones.

La consultoría no es algo exclusivo de las grandes empresas. No es precisamente por falta de recursos que compañías como Nike, Ford, Samsung o Iberia hayan contratado consultores para impulsar el crecimiento de sus marcas. Sus responsables han comprendido el valor de contar con asesoramiento externo en áreas de desarrollo estratégico y creativo, como la creación de marcas, la gestión de sus portafolios o la mejora de la experiencia del cliente, entre otros ejemplos. De la misma forma, otras empresas con recursos más limitados han sabido aprovechar todo el potencial que les reporta la experiencia de un consultor.

Requisitos del consultor de marca

Cuando hablamos de los requisitos que debe tener un consultor de marca, podemos identificar tres aspectos clave:

  1. Profundidad en el conocimiento: Un consultor efectivo debe sumergirse en una variedad de campos que influyen en su desempeño. En la actualidad, todo está interconectado, desde el negocio hasta la estrategia y la comunicación. Por lo tanto, es fundamental tener un entendimiento profundo de estas áreas y completarlo con una gran capacidad para hacer las preguntas adecuadas.
  2. Habilidad para abordar la consultoría de manera estructurada: Es crucial que un consultor pueda enfrentar cada proyecto como un proceso bien definido. Esto implica comenzar con una comprensión clara del problema, lo cual requiere un vasto conocimiento del sector y de la empresa. Luego, a través de un análisis exhaustivo de una variedad de factores, tanto internos como externos, se puede llegar a una propuesta final sólida.
  3. Compromiso y responsabilidad: La implicación y responsabilidad son fundamentales para lograr un buen trabajo como consultor. Sin un alto nivel de compromiso, es difícil alcanzar resultados satisfactorios para el cliente.

Consultoría: Un Viaje Compartido

Nada de esto sería posible sin que el proceso sea recorrido de la mano entre consultor y cliente. De nada vale que el consultor tome el encargo del cliente y se ponga a trabajar para aparecer después con una magnífica idea. Aunque a veces pueda parecer que existe una solución mágica, la realidad es que llegar a ella requiere un proceso en el que el cliente participe y valide cada etapa del camino. Esta es la mejor manera de garantizar que lo que se alcance al final de proyecto sea coherente y realmente útil.

Sobre todo, útil. Porque en consultoría nada tiene valor si no resulta útil para el cliente.

Redacción Branward

 

 

 

*Campaña de Nike obra de Wieden&Kennedy