¿ES LA FELICIDAD UNA ILUSIÓN?

Los caminos más difíciles a menudo llevan a los lugares más interesantes

En tiempos de estrés, ansiedad y problemas puede ser difícil no sentirse abrumado. Pero incluso ante tiempos revueltos se pueden tomar medidas para levantar el ánimo.

Muchos han creído que la felicidad es algo que conseguimos cuando todo en la vida se ve de la manera que hemos estado pensando que debería ser. Las relaciones, el trabajo, la casa, las vacaciones… Pero todo esto por sí solo no crea felicidad duradera, así que por más que queramos la felicidad se convierte en esa cosa que deseamos pero que no sabemos cómo lograr.

Es fácil caer en la trampa de pensar que seremos felices tan pronto como todo en nuestras vidas sea exactamente como queremos que sea, y que la solución a la felicidad es que debemos seguir trabajando más duro para controlar estas situaciones externas y hacerlas “correctas”.

Pero pensemos que los países con mayor PIB no son los más felices en el ranking mundial. Aunque no lo parezca, podemos elegir la felicidad en momentos difíciles.

¿Existe la felicidad?

La búsqueda de la felicidad ha sido siempre como el Santo Grial. Hay que partir de la idea de que buscar no implica encontrar, teniendo que asumir cierta frustración y decepción ya que nunca se alcanza el estado final deseado. Ciertamente lo que ocurre es que la felicidad es un estado de ánimo y, como otras emociones, no es algo que se obtiene, sino algo que se vive.

No puedes cambiar lo que te pasa, pero sí cómo vives lo que te pasa

La felicidad puede ser entendida bajo diversas perspectivas, todas ellas afectan tanto al terreno personal como al profesional. Andrés Aljure, experto en gestión de felicidad, la define “como un traje a medida que depende de las características propias de cada uno, de sus actividades, de su entorno y/o sus propósitos”. Algunos científicos y divulgadores como Eduardo Punset (economista, abogado y comunicador científico) la definen como “la ausencia de temor”; otros como Tal Ben-Shahar (profesor de Felicidad de la Universidad de Harvard, doctor en comportamiento organizacional) la definen como “la vivencia de una vida con propósito y que al mismo tiempo se disfruta”; otros como Luis Rojas Marcos (psiquiatra) la entienden como “la vivencia de una vida satisfactoria en general”.

Según la profesora Sonja Lyumbomirsky de la Universidad de California, los factores que intervienen en los niveles de felicidad se componen de un 50% de factores genéticos, un 40% de nuestras actividades intencionales y tan sólo un 10% de factores externos. Ya que no podemos cambiar la genética, sí podemos modificar cómo nos enfrentamos a los problemas.

El hecho de que los factores genéticos sean inmodificables no significa que no se puedan mejorar los niveles de felicidad. Podemos aprender y entrenarnos para incrementar nuestros niveles de felicidad, a pesar de tener un valor de referencia dado por factores genéticos.

Felicidad no es lo mismo que positividad

Ser positivo u optimista representa una forma de afrontar los problemas, sin olvidar que las emociones negativas son necesarias y saludables para mantener una base estable de felicidad en la vida de cualquiera.

Aunque son muchos los trucos que los psicólogos recomiendan, en este momento puede ser suficiente empezando por tres:

  1. Reencuadrar la situación. La forma en que interpretamos nuestras emociones se debe en gran medida a cómo se enmarcan, en otras palabras, el contexto. En cada problema puede estar oculta una oportunidad.
  2. Construir relaciones fuertes. Aún en la distancia, las conexiones emocionales con otras personas son el componente más importante de la felicidad. Incluso ante la pérdida, el recuerdo de los buenos momentos puede ser un estímulo para continuar.
  3. Hacer algo que te ayude a crecer. Las personas con propósito tienen una visión general sobre la importancia de sus objetivos en la vida, se cuidan mejor a sí mismos y a su entorno.

 

Tal vez parezca inicialmente que se trata de una utopía, pero esto se debe a una vaga visión de la propia noción y sus implicaciones. Así que conviene recordar que las emociones son lo que hacemos con ellas. Es momento de levantar el ánimo y actuar. Resiliencia y agilidad, como venía expresando en mis últimos posts.

 

Carlos Puig Falcó

CEO de Branward

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